Capitulos Gratis de Perseguida

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CAPITULO 1.1 INTENCIONES PELIGROSAS

Acelero mi paso sin dejar de voltear hacia atrás, ahora estoy casi corriendo; mi corazón se acelera con cada paso, volteo una vez mas, sigo huyendo. Tengo miedo incluso de voltear, por que la sensación de que me pisan los pasos es cada vez mas fuerte; ahora estoy sudando, un calor recorre mi cuerpo de abajo hacia arriba, casi no puedo respirar; ¡No alcanzo aire! al doblar la esquina tomo un respiro, mi vista esta nublada, se me va cerrando la visión y estoy a punto de desmayarme. Me recargo en la pared y respiro profundamente tratando difícilmente de recordar el método de respiración que me enseñó mi psicóloga. Una, dos, tres… respiraciones y nada. Coloco mi mano fría y temblorosa en mi frente para limpiar el sudor y con cautela volteo una vez mas desde la esquina, no se ve nadie….

-¿O es que no hay nadie? –

Esa sensación de persecución la he sentido tantas veces.

– ¡Ya no puedo mas! esto no es vida, siempre con miedo, siempre en sobresalto, ¡como quisiera vivir en paz! –

– He perdido el control de mi vida – me digo llorando con el rostro entre mis manos.

Entonces tomo una determinación, la oficina de mi médico esta casi cerca, tengo cita a las ocho cuarenta y cinco; un poco mas y ya veo el edificio. Mis manos están tan frías como un pedazo de hielo.

Es increíble que prefiera caminar, teniendo carro, pero todo me da miedo, ese horrible miedo que esta matándome; me llevo la mano hacia mi cabeza, ahora mi cabeza me duele, mis manos mojan mi frente con el sudor frío.

-Ha de ser la presión alta-

Todo parece cubierto de niebla, pero no se si esta así o es mi visión.

Ninguna persona se ve por las desiertas calles de Scottsdale, Arizona. He llegado hasta el edificio del médico y no reparé en nada de lo que antes me parecía una ciudad encantadora, con ese viejo pueblito tan de ensueño, hoy todo es oscuro para mi. Subí hasta lo mas alto de aquel edificio, los pasillos se veían solos y obscuros; hacía frío, inconscientemente me abracé a mi misma, subí por las escaleras hasta el quinto piso, como queriendo prolongar un poco mas mis intenciones. Pase por una ventana con vidrios de espejo y mi figura se reflejó en él, me veía cansada, avejentada, no había podido dormir en toda la noche. Me detuve en el barandal negro que daba a la calle, me asomé hacia abajo y sentí un vértigo, me aferré fuertemente al barandal y vi la escasa gente que circulaba por el lugar y pensé:

-Es el lugar ideal-

-Será rápido-

Vi enfrente de la calle un hombre hablando por su teléfono celular, agitaba sus manos fuertemente mientras hablaba, parecía que discutía con alguien.

-Ha de ser con su esposa- pensé sonriendo forzadamente y casi pujando.Una vez mas mis manos, insensibles ya, se aferraban al barandal del edificio, subí por el barandal y ya a punto de saltar, mis hijos vinieron a mi mente, había como una lucha conmigo misma:

-¿Lo hago? ¿o no?

-¿Que será de ellos? – me preguntaba

-Ya están grandes, ellos comprenderán-

-¿Y si no me perdonan?-

-Les he fallado, ya jamás podrán tener todo lo que les he prometido-

Al tiempo que me soltaba llorando como una Magdalena me dije:

-Soy una piltrafa humana, ¡No merezco vivir!

-Que dios los bendiga-

Acto seguido me lancé al vacío. Vi como todo se me fue obscureciendo, y sentí la sensación que caía a un pozo sin fondo. Ya estaba a punto de caer al suelo, cuando desperté súbitamente de la ¡espantosa pesadilla!

Perseguida de Nyo Zotto
¿Sueños o realidades suicidas?

Hacía cinco años que mi hermana y yo habíamos llegado de México y recordé el día que platicábamos las dos recostadas en una cama de la casa de mi mamá en Sonora. Mi hermana Lucia me dijo:-Martha, vámonos para el otro lado–Sería buena idea- le dije secamente. De repente una multitud de hormigas muertas nos cayeron encima de nosotras, parecían venir del sistema de ventilación. Yo como siempre supersticiosa, di mi interpretación de ese hecho. Las hormigas están muertas, muerte significa, terminación de algo y el comienzo de algo nuevo, creo que si seria buena idea irnos. Mi hermana sonrió mientras se agitaba su hermosa cabellera negro azabache, tratando de sacarse las hormigas. Eramos tan diferentes, pero nos llevábamos bien, como buenas hermanas; físicamente ella era morena y yo morena clara, sus ojos eran tan obscuros que no podría distinguir las pupilas. Mis ojos eran verdes y desde joven pintaba mi cabello de rubio, eso nos hacia mas diferentes todavía. Yo igual a mi mamá y ella parecida a mi papá.
-Ya estoy cansada de aguantarle a mi marido (el segundo de los dos que tuve) quisiera estudiar y trabajar, tener una vida mejor, quisiera darle a mis hijos una mejor calidad de vida- dije muy esperanzada.

Me levanté y me despedí apresuradamente, después me fui a mi casa resignada, como siempre, tenía que apurarme a preparar la comida. Mi marido llegaría a casa como a las tres de la tarde y debía tener la comida lista y calientita. Al siguiente día, ya había casi olvidado el ofrecimiento de mi hermana, y volvía a lo mismo… volvía a mi resignación, ¡Oh! Esa odiosa resignación. Mi situación con mi actual marido, era casi la misma de la típica mujer latina, las latinas de mi generación, por supuesto. Tenía que limitarme a atender la casa y los niños, nada más. No había mucha diferencia entre mis dos maridos, los había elegido cortados con la misma tijera, y empecé a recordar desde que me casé por primera vez.

Perseguida

CAPITULO 1.2 EL ESPOSO # 1

Mi esposo #1 (ni siquiera merece un nombre) era el clásico “macho mexicano” para los que no sepan, un macho mexicano es aquel que cree que siempre tiene la razón, para el cual la mujer es un cero a la izquierda y que todo lo quiere arreglar con gritos; su mujer considerada de su propiedad, debe estar en la casa para limpiarla, preparar los alimentos y cuidar a los hijos, ser sumisa, obedecer y nada mas. Hasta el apellido de casada es machista en mi país: era Martha de García (si, propiedad de García). Incluso su físico hablaba de un “macho mexicano”, bigote grande y espeso, mentón muy marcado y una gran ceja tupida que le pasaba de lado a lado de la cara, haciendo su rostro mirarse más bravío. Para acabarla de amolar, su profesión lo hacia ser mas prepotente. Era policía federal, y creía que tenia el poder en sus manos; muchas veces lo vi abusar de su poder con personas inocentes, a veces hasta sentía vergüenza de sus desplantes para otras personas en lugares públicos.

perseguida
Mi boda con mi esposo #1.

Desde que nos casamos yo debí haberme dado cuenta de cómo era, ¿por qué uno ignora “las señales de advertencia”? o ¿será que cuando uno se enamora simplemente no las ve?

Esa tarde llegó a mi casa, apenas éramos novios y yo estaba afuera regando el jardín, me ordenó:

– ¡Vamos a dar una vuelta, tengo algo que decirte!

– Ya es tarde, tengo que trabajar mañana temprano-

– ¡Es muy importante! –

Le pedí permiso a mi mama y salí, rápidamente me subí a su carro que esperaba en la acera.

– Me cambiaron a Mexicali – ¿Te vienes conmigo?

Yo vivía en otro estado a unas ocho horas de Mexicali.

-¿Así nomas? -Le pregunté, evitando preguntarle de mas, me daba pena que creyera que yo lo presionaba a formalizar algo.

-Mira yo no creo en el matrimonio ni en todas esas pen%&^#$%das- bociferó mientras aceleraba el carro.

-¿Te vienes conmigo o no? –

-Yo me iría contigo, tu sabes que te quiero, pero mis principios me lo impiden, mi mamá sufriría mucho, su ilusión es verme salir de blanco de la casa…-

-¡Esas son pen$%^#das de gente ignorante! –

¡Pues no sé… pero no puedo irme contigo! –

Acto seguido vi como su cara se transformo en coraje, agarró el volante fuertemente con las dos manos, y enfilo rumbo a la carretera, chirriando las llantas del carro amenazadoramente.

-¿Que te pasa? -Le dije con la voz quebrada.

-¿Estas tomado? ¿A dónde vamos? –

-¡Ya cállate! – me grito

Empecé a llorar y a suplicarle que se devolviera, veía como nos alejábamos más y más de la ciudad.

-¡Cállate! que me pones nervioso. – gritó mientras zigzagueaba por la carretera.

-¡Cuidado, nos vamos a matar! ¡por favor bájale la velocidad!-

Yo seguia llorando mientras pensaba en aventarme del carro abriendo la puerta, pero a esa velocidad no me salvaría, y todo estaba oscurísimo. Después de varias horas, empezó a cabecear.

-¡Vamos a devolvernos por favor!- le suplicaba, ni siquiera me contestaba. Se dirigió a una gasolinera en la mitad del desierto, pensé que si me quedaba ahí era más peligroso, pues dos hombres de mal aspecto salieron a atendernos, entonces rápidamente pensé en cambiar de estrategia.

-¿A donde me llevas? – pregunté ya sin llorar.

Te voy a llevar con mi hermana mientras busco un departamento. –

-¿Bueno, pero nos casaremos verdad?

-Si quieres eso esta bien-dijo en otro tono.

-¿No quieres que te ayude a manejar? – te vas durmiendo.

-Bueno- dijo, se cambio de asiento e inmediatamente se durmió.

Faltaban ya solo menos de dos horas para llegar a Mexicali, así que devolverme sería contraproducente, pues no me alcanzaría la gasolina y podría despertarse. Llegué a Mexicali rogándole a Dios que no se despertara; me estacioné por afuera de las oficinas de la policía federal, que era donde yo trabajaba, ya había estado ahí antes. Yo trabajaba en Hermosillo, pero tenia contacto con ellos por teléfono así que esperaba que ellos me ayudaran.

Cuando di el portazo, despertó, corrí escaleras arriba hacia la oficina, sólo oí el chirriar de las llantas de su carro y a él, vociferando barbaridades. Unas horas mas tarde, ya estaba de regreso en Hermosillo, nadie de mi familia se enteró, excepto mi mamá por supuesto. Siendo el menor de siete hermanas, el único varón y una madre sola, era fácil entender el porque él era un hombre acostumbrado a tener lo que quisiera y así de esa manera quería el proceder conmigo. Unas semanas después, el regresó y se casó conmigo, yo lo consideré como un triunfo, pero no sabía en lo que me metería.

-¡Nos casaremos pero no quiero iglesia, ni fotos, ni fiesta! –

-Tengo que casarme por la iglesia – le dije enérgicamente.

-Bueno, pero que sea la mas chica-

Mi mama buscó la iglesia mas chica de la región, no hubo pedida de mano, ni anillo de compromiso, ni despedidas de soltera, ¡nada! Mi mamá le mintió a mi hermano mayor diciéndole que ya me había pedido para que no dijera nada y ni mencionar el incidente del secuestro. (Rapto es llamado en este caso en mi país, pues existía una relación amorosa entre nosotros).

La primera decepción la sufrí al acabarse la ceremonia religiosa, el padre le dijo: “puede besar a la novia” y él no hizo ni el mas mínimo movimiento. Quedito, le dije con vergüenza que debía besarme.
-Estás loca mujer- me dijo.
Sentí una mezcla de dolor, decepción y vergüenza, pues mis familiares con cámara en mano insistían en el beso.
Yo le acerqué mi cara para forzarlo a que me besara pero el me ignoró completamente y yo le besé a él en la mejilla con un abatimiento terrible. No respetó nada, cuando salimos para la iglesia la tradición es que la novia no sea vista por el novio, pero el insistió que se iría conmigo; de regreso iba todo el cortejo nupcial, en México se acostumbra que se van todos los carros juntos, uno atrás de otro, de amigos y familiares y van tocando el claxon hasta llegar a la fiesta. El, en un arranque de pedantería aceleró el carro y dejó a todo el cortejo fuera de nuestra vista. No hubo brindis, partida de pastel, vals, ni abierta de regalos, ni siquiera me dejó cenar, me jaló del brazo y le dijo a todos los presentes que nos teníamos que ir porque debía estar en Mexicali al siguiente día temprano, salió conmigo sin dejarme despedirme de nadie, dejando a todos, junto conmigo, con la boca abierta.
En lugar de irnos a Mexicali, se hospedó en un motelito a la salida de Hermosillo y solo me dijo que a él no le gustaban esa tonterías.
¿Por qué con tantas señales, no pude darme cuenta? ¿Por qué seguía pensando que el era el hombre de mi vida?

No quiero ni recordar el momento llegado de estar juntos, yo lo había imaginado tantas veces, como algo sublime; mis amigas y yo habíamos imaginado como sería nuestra “primera vez” y siempre era de ¡color de rosa! pero los nervios, lo pasado en la fiesta, mi educación tan rigurosa respecto al sexo, me hicieron imposible complacerlo. En cuando el me tocó, mi cuerpo empezó a temblar completamente como una frágil mariposa. Y por más esfuerzo que hizo, no logró consumar el acto, me aventó con coraje y yo me fui corriendo al baño toda adolorida; vi que estaba sangrando, en medio de mi ignorancia, no sabia si habia perdido mi virginidad o el solo me habia lastimado. Ahí lloré por primera vez de las muchas que me esperaban.
Tardó mas de la semana intentándolo y nada, a mi se me hacia mas imposible cada vez, pues después de un rato, el se enojaba, empezaba a gritar y yo me paralizaba, mis músculos se crispaban y era imposible la penetración; hasta que finalmente un día se enojó de mas y me violó. Si, mi propio esposo me violó, y mi noche de amor tan esperada se convirtió en una experiencia atroz. Mi primera vez en vez de ser algo bello fue una pesadilla. Mi virginidad tan celosamente guardada para ofrecerla en ese gran momento, fue ridiculizada por ese hombre que tanto amaba y que no le importaba en lo más mínimo.
-Me da lo mismo si no hubieras sido virgen, ¡mujer! – Yo soy de mente abierta. –

Al llegar la hora de demostrar mis dotes culinarias, pasé muy malos ratos. Esto ahora me causa risa, pero en ese momento me hizo sentir la mas desgraciada de las mujeres sobre la faz de la tierra. Mi familia era de clase media trabajadora y por consiguiente mi repertorio de recetas era moderado, asi que me di a la tarea de cocinarle un platillo mexicano: los famosos “chiles rellenos”. Cuando terminé el exquisito platillo, habia algo que no cuadraba. El chile relleno estaba sin relleno, la cubierta de huevo afuera de su lugar y el chile durísimo, creo que habia escogido el chile erróneo. Aun así, puse mi mejor sonrisa. Recuerdo la cara que el puso cuando vió el plato en la mesa, que de solo verla mis ojos se abrieron y mis cejas se arqueron, ¡quedé petrificada! y mi sonrisa congelada.
Agarró el tenedor y cuchillo, e intentó partir un pedazo. Cual sería mi sorpresa que el chile de forma redonda salió rodando del plato hacia el suelo.

– ¡Pero que es esto, con una chi%$%#&da!
– ¡Que asco! – al tiempo que tiraba el plato al suelo de un manotazo.
Empecé a temblar y no podia articular palabra, me ponia muy nerviosa cuando el empezaba a gritar.
– Pues son chiles rellenos m´ijo! –
– Que chiles rellenos ni que la fregada, son una cochinada-
Se levantó y se fue a comer fuera, dejandome ahi plantada en el mismo lugar llorando. Asi pasó varios dias burlandose de mis platillos, hasta que un dia me dio el ultimatum:
“O aprendes a cocinar o aprendes”
Gracias a esto, aprendí a cocinar, algo que le reconozco.

Un día tuvo la ocurrencia, según él: “fantasía sexual” de que tuviéramos un trío (acto sexual entre tres personas) por supuesto quería dos mujeres y él. Cuando me lo propuso íbamos entrando de compras hacia Calexico, California. Recuerdo muy bien que yo agaché la cabeza y me quedé pensando; antes de que contestara él me dijo que, eso empeoraría las cosas porque yo no lo sabría manejar.
-¡Ay! es que eres tan “tapada”, tan desabrida.
Empecé a llorar y ….
– ¡Ay ya cállate! – Yo quisiera una verdadera mujer, que me complazca, que sea sexy, que pueda seguirme todos mis juegos sexuales, usar juguetes y tener otras clases de sexo-
-¿Otras clases de sexo? – pregunté inocentemente.
No te digo mujer, si eres una tonta, ¡Olvídalo ya!
-M’ijo, yo podría aprender… de donde quieres que yo sepa todo eso si no tengo experiencia, tu sabes que eres mi primer hombre…-
-Eso no se aprende… se siente y ya… no sirves para eso ¡Se acabó! –
Y no se volvió a tocar el tema.

De ahí, siguió una cadena de amarguras y decepciones. Con el había aguantado no solo gritos y malos tratos, sino también violencia física. Era demasiado conflictivo, siempre que salíamos, algo encontraba para gritar o pelear, un día íbamos en el carro, un vehículo que venia atrás le dio un acelerón a su carro para que se moviera, y esto lo enfureció. Le aceleró al carro para que el de atrás también acelerara cuando ya iba encarrerado me grita:
– ¡Agárrate! – acto seguido pega un frenón y el carro de atrás se impactó en el de nosotros.
-Ahora si pen$%^^*jo tendrás que pagarme todo porque el que pega por atrás tiene la culpa ja ja ja-

Otra vez, iba peleando con un carro que iba a delante de nosotros, de repente el carro se para completamente y se bajaron cuatro hombres grandotes, con toda la pinta de ser pandilleros; traían unas cadenas en las manos y pensé que ahí nos matarían. Pero sorpresivamente él se bajó muy brabucón con la pistola en mano y los encañonó, soltó un disparo al aire y los pandilleros salieron corriendo, se metieron al carro y huyeron, mientras el se quedó parado en media calle disfrutando la huida, su cuerpo se arqueaba hacia atras cada vez que soltaba una carcajada infernal.

perseguida
De cacería con los del bajo mundo.

 

Otra vez el tuvo un problema con una pareja de ancianos mientras trabajaba, para su mala suerte la pareja eran personas famosas en el mundo taurino. Pusieron la queja del maltrato y el se vió en serios problemas. Llegó a la casa corriendo y me dijo:

-¡Martha pégame unas patadas en las espinillas y me rasguñas el pecho!- yo me quedé petrificada, realmente no entendí que quería, porque me pedía eso tan incongruente.

-¡Ándale hazlo!- me ordenó.

-Pero… como te voy a golpear… ¿porque? –

-No preguntes solo hazlo- gritó

-¡Con una chin@#^%da…pégame!-

Me asusté y le di la primera patada pero casi sin fuerza, entonces el se enojó y pensé que me golpearía, me empujó fuera de su camino y empezó a golpearse el solo. Se golpeó las espinillas hasta sangrárselas con la esquina de un mueble y con sus manos se rasguñó las cara y pecho, se rompió la ropa.

-¡Dios mío, de lo que es capaz para inculpar a otro!- pensé ahi petrificada y agachada en el mismo lugar.

De nada le sirvió todo eso, fue procesado por el delito de lesiones y fue a dar a una de las cárceles de máxima seguridad en México: Almoloya de Juárez. El tenía un cuñado con un cargo de alto rango en la policía federal, quiso ayudarlo. El cuñado no pudo hacer nada, dijo que el lesionado era muy influyente y tendría que pasar unos meses para callar a la prensa y a las victimas. Así que durante dos meses tuve que pasar la vergüenza de ser registrada hasta en mis partes íntimas por las celadoras, cada vez que iba a llevarle comida, que era a diario. El abogado que consiguió, pretendió ayudarle pero en la primera oportunidad que tuvo, el viejo asqueroso me hizo una propuesta indecorosa, íbamos en su carro al juzgado a tratar de lograr una fianza para sacarlo:

-Si quieres que tu marido salga de la cárcel, tienes que ser buena conmigo- me dijo al tiempo que me tocaba mi muslo izquierdo deslizando su mano hacia mi privacidad.

Le aventé la mano fuertemente al tiempo que hacíamos alto en un semáforo, ni tarda ni perezosa me baje corriendo. Mi esposo nunca supo esto, tenía pavor de que se metiera en más problemas si le contaba, nunca supo ni sabrá de la desaparición repentina del abogadillo de pacotilla. Sola, sin dinero, con dos horas de viaje diarios hacia el penal, después de dos meses quede irreconocible, era un fideo humano prácticamente; también eso le molestaba, pues me había vuelto “muy fea”.

Estuvo “castigado” por un año sin trabajar, pero con “goce de sueldo” otra de las maravillas de mi país. Prácticamente de vacaciones, departiendo en la casa con la bola de amigotes que tenía. Me hacia atender a su docena de amigos como si fuera una sirvienta, para después correrme de mala manera de su presencia, cuando ya no me necesitaba, ufanándose enfrente de sus amigos.

-¿Que haces ahí parada como estúpida? –

-Pues… jmmh…(aclaré mi carganta) estoy esperando haber si quieren algo mas-

-Que algo mas ni que ocho cuartos, ¡Ya lárgate para arriba! – Dijo esto, aventándome con un fuerte empujón hacia las escaleras.

Cuando yo le llegaba a decir que no soportaba esa vida, que lo dejaría, el cambiaba de estrategia y del macho dominante se convertía en un tierno corderito, implorándome, a veces llorando, de verdad, diciéndome que no lo dejara y que me quería. Eso me descontrolaba sobremanera porque yo no sabia que hacer por un lado lo amaba mucho y a la vez no quería esa clase de vida. Siempre terminaba perdonándolo y con la creencia de que el cambiaría algún día por el solo hecho de que me quería. Pero que lejos estaba de la realidad, después de algunos años de convivencia, se fue haciendo todo peor, los insultos se convirtieron en agresiones y llegó al grado de ponerme la mano encima, en forma de cachetadas, aventones, nalgadas; una vez recuerdo que me agarró a nalgadas porque me puse celosa de que el se saliera en la noche con unos amigos. Ellos eran solteros y descaradamente decían enfrente de mi que irían a buscar mujeres; yo le reclamé y el me agarró de la cintura y me levantó en vilo, se sentó en una silla del comedor y de un porrazo me colocó boca abajo sobre sus piernas y empezó a nalguearme tan fuerte que a la segunda yo ya no sentía mis pompis y creí que me desmayaría.

Mi llanto se convirtió en impotencia porque no podía hacer nada, ni siquiera moverme, su fuerza era muy superior a la mía; ahí estaba yo humillada y ridículamente con la cabeza colgando, encima de sus rodillas; después de eso, me tiró a un lado de la silla y se fue y yo me quedé llorando ahí tirada, para después justificarlo como siembre lo hacia.

-Si él es bueno, no debí haberlo celado, merezco esto y mas por no saber portarme- me decía a mi misma tratando de hacerme parecer su conducta como justificable. Los golpes no me dolían tanto como el hecho de que él se fuera y me dejara ahí llorando sin importarle mis sentimientos.

Lo que verdaderamente mató mi débil autoestima fue que el utilizaba mis defectos físicos para humillarme y rebajarme. Me decía que tenía “piernas de pollo”, “cintura de boiler”, “las patotas grandes” entre otras cosas. La mayoría de las heridas físicas sanan con el tiempo, pero el daño emocional y psicológico para las personas que son victimas de acoso o abuso puede durar incluso toda la vida si no es tratado a tiempo. ¡Como fui capaz de aguantar tanto! Esta recurrente experiencia se repetiría todavía más en mi vida. Después de esperar seis largos años para tener un bebé, por imposición él claro está, un dia decidió que ya era tiempo de ser papá, así que nomas dijo:

-Te doy tres meses para que salgas embarazada-

Me molestó durante ese tiempo diciéndome cada mes que tenia mi período, que era yo una “jorra” según el así se les llama a los animales hembras que no pueden tener crías. Con tanta presión y nerviosismo, no lograba embazarme, cuando finalmente lo hice, tuve un embarazo ectópico (mi bebé se instaló en las trompas de Falopio en lugar de la matriz) me vi muy mal y el médico dijo que tenia que operarme de urgencia, yo tenia unos cólicos terribles y aun en contra de la voluntad del médico me mandó a Mexicali con sus hermanas, porque a el le daba “miedo y no sabia que hacer” mas de tres horas de vuelo tuve que sufrir ahí sentada en medio de tanto pasajero, aguantándome los dolores. Cuando llegué, ya una ambulancia me estaba esperando a los pies de la escalinata del avión; me operaron inmediatamente y el médico furioso decía que como era posible que hubieran permitido que viajara así como estaba; dijo que se me había reventado el producto adentro y tuvieron que extraer la trompa y el ovario también. Como ya habían pasado días, yo tenia fiebre y escalofríos, ¡me estaba pudriendo por dentro! el médico dijo que tenía dos litros de sangre estancada en mi matriz.

– ¿Que hubiera pasado si tengo una hemorragia en el avión? -mi hermano, con el mismo tipo de sangre mía, voló de Hermosillo esa misma noche para estar ahí e inmediatamente me hicieron una transfusión sanguínea. Después de eso el médico me dijo que tendría que esperar unos seis meses para intentar volver a encargar, las posibilidades de quedar embarazada bajaron en un 50%, ahora con un solo ovario. No dejó que tomara pastillas para cuidarme como recomendó el doctor y siguió con la misma cantaleta del bebé, después de tres meses me dió el ultimátum:

-Te doy un mes, ¿oiste? ¡un mes! ¡o te embarazas o te vas! ¡yo puedo conseguir fácilmente otra que me de muchos hijos… bah!- para mi suerte mi hermana fue a visitarme y andando con ella para acá y para allá se me pasó el estrés y gracias a Dios quedé embarazada.

De ahí le dió por que quería que fuera niño, que un hombre como él tenía que tener el primer hijo varón, “no viejas”, El bebé se llamaría como él por supuesto. Yo no tenía ni voz ni voto para nada. Todo como él quisiera, enfadada me animé a desafiarlo diciéndole que me extrañaba que habiendo cursado la preparatoria (bachillerato) no supiera, que si no era niño, no seria mi culpa, que el sexo de un bebé lo determina el padre y le di una cátedra de genética… solo recibí como respuesta una cachetada para que me callara, lo peor que le pudiera yo hacer, era hacerle ver que yo sabia algo mas que él.

Lo más difícil fue cuando la pancita se me empezó a notar, pues un nuevo trauma de mi ex salió a flote, resulta que de un día para otro, ya no quería que lo tocara, cuando dormíamos, que no lo abrazara y se distanció de mí completamente. Nunca tuve el cariño de un esposo por su mujer en cinta, y mucho menos esperar que el me acariciase la barriga, o que le hablara al bebé; mi embarazo transcurrió lento y llorando en soledad, solo hablaba con mi bebe diariamente.

-¡Es que me dan asco las embarazadas! No esta en mi mujer.-

En otra ocasión estando yo embarazada de seis meses; nunca olvidaré ese día, que habíamos coincidido en el color de nuestra ropa; el vestía un pantalón de mezclilla y una camiseta polo de color amarillo pollito, yo, un vestido amarillo con flores y coordinado con zapatos y accesorios amarillos, toda su familia había hecho burla de que vestíamos del mismo color, y mofándose de que el amarillo era el color de las “calabazas” hablando en doble sentido de una supuesta infidelidad de él. Ese fue otro de mis errores garrafales, nos fuimos a vivir un tiempo, “el peor tiempo”, a casa de sus familiares. Salió y se fue todo el día y regresó al atardecer, llegó a la casa todo pintado en el cuello de la camisa con lápiz labial, eso me sacó de mis casillas, ¡eso ya era demasiado! si quería ser infiel, porque no lo hacia sin que yo me enterara. Cuando le reclamé se enfureció y reaccionó violentamente en contra de mi, me aventó contra la pared sin importarle mis seis meses de embarazo, se quitó el cinto de un tirón, instintivamente yo llevé mis dos manos hacia mi vientre como queriendo cubrir a mi bebé. Por un minuto yo pensé que me golpearía con él, mi cuñada quien presenció la escena corrió a calmarlo pero el estaba a fuera de control, tomó el cinto con las dos manos, lo dobló por la mitad y enfurecido lo colocó en mi cuello y me presionó contra la pared, yo sentía que me asfixiaba y que ya no podía mas; sentí que mis piernas se me aflojaban por la falta de aire y empecé a desvanecerme, entonces el me soltó y caí pesadamente sobre la alfombra de rodillas casi inconsciente.

Esta vez, la amante en turno era una media-hermana de él.

– ¿Que me podía esperar si ni las hermanastras se le escapaban? –

Después de esto lo abandoné por primera vez, me fui a Hermosillo un mes y ni le importó, después del mes ya fue por mí. Yo no sabía que hacer, mi mamá me repetía constantemente que lo dejara y eso que ella no sabia por todo lo que había pasado, sino solamente lo de la infidelidad.

-Pues lárgate, allá tú que te gusta que te pongan los cuernos-

Me dijo ella enojadísima y haciendo unos cuernos con sus manos se los puso en la cabeza cruelmente.

Me dolió de la manera en que me lo dijo mi mamá, pero en el fondo yo sabia que tenia razón, el seguiría así, ya eran muchos años y no cambiaba. En ese momento yo solo pensaba en mi bebé, con siete meses de embarazo no podría ya trabajar, el niño nacería en alguna institución benéfica, y en Mexicali ya teníamos reservado un hospital privado de lujo. Pensé que sería bueno regresar y en cuanto el niño naciera, lo abandonaría. Nació el niño prematuro antes de cumplir los 8 meses y fue llevado a la incubadora; por primera vez recibí un arreglo floral de parte del el diciéndome: “Gracias por el regalo” pero mi alegría se disipó cuando llegó a visitarme con una secretaria que se rumoraba era su amante. ¡Seria una desfachatez!

A los tres meses que nació mi niño, dos jóvenes fueron a mi casa y me dieron un papel con una dirección, al tiempo que me decían, si quieres encontrar a tu marido con su amante aquí están ahorita. Salí con mi niño en el porta bebé y lo instalé en el carro y fui al encuentro. Todo era verdad, mi coraje fue mayúsculo al descubrirlo con la misma joven que llevó al hospital. Parece increíble pero luego de un rato de dimes y diretes, la chica y yo nos hicimos de golpes, y el se fue como si nada todavía riéndose de la grotesca escena. Yo salí, prendí mi carro y di reversa haciendo rechinar las llantas, enfoqué el carro de la secretaria y estaba dispuesta a desbaratárselo por el coraje que sentía, cuando aceleré, mi niño pegó un chillido y me hizo reaccionar, hasta entonces reparé en su presencia.

-¿Pero que estoy haciendo? – Me pregunté. Desistí y me fui a mi casa.

Pronto empecé a tener problemas de salud. Una vez fuimos a visitar a su padre a Ensenada, una playa cerca de Mexicali, ahí enfermé gravemente, resulta que la hermanastra con la que después el se metió, era enfermera, yo tenía dolor de cabeza y ella se ofreció a darme una pastilla. En menos de una hora yo ya estaba con un fuerte dolor en la ingle del lado derecho de mi cuerpo. Fui llevada al médico de emergencia y todo parecía ser un cuadro de apendicitis aguda, sin ninguna radiografía el médico ordenó una cirugía urgente o presentaría una peritonitis. Nosotros aceptamos sin chistar, estábamos jóvenes y sin experiencia, ni siquiera se nos ocurrió preguntar por una radiografía. Días después nos dimos cuenta que había habido un error de diagnóstico, mi dolor seguía haciéndose mas fuerte cada día, yo ya tenia escalofríos y fiebre muy alta, regresamos con el doctor, pero no nos atendió. Repentinamente tuvo que “salir de la ciudad”. Fuimos con otro médico que nos confirmó nuestras sospechas: error de diagnóstico nos dijo, suele suceder, se pueden confundir los síntomas, pero es necesario exigir una radiografía (en ese tiempo, hoy hay técnicas avanzadísimas) esto confirma que lo que tiene la señora es un cálculo renal (piedras en los riñones). Ya de regreso en nuestra ciudad me extrajeron el cálculo y siguió mi vida normal, claro está que ya sin apéndice, aunque dicen que no sirve para nada (vean mi tendencia a justificarlo todo).

Mientras tanto escenas violentas se repetían a diario sin ser verdaderamente para mí, una razón válida para abandonarlo. Estaba tan acostumbrada a ese trato y tan convencida de que yo merecía el castigo, que no me importaba soportarlo con tal de no perderlo.
A los seis meses de que nació el niño, me quiso hacer un regalo, eso si, no le importaba gastar dinero en mí para que yo estuviera presentable, aunque puedo asegurar que no era por mí sino para que su vanidad no se viera afectada; una vez me dijo:

-Ya tira esos zapatos están todos raspados. No quiero que mis amigos piensen que no tengo dinero para comprarte unos buenos-

El regalo era concederme el deseo de hacerme una operación estética en mi nariz, algo que yo siempre ambicioné, la tenia gorda y chata. Se preparó todo para la operación, que seria en Hermosillo; asi mi madre me cuidaria después de la cirugía. Se escogió el hospital militar porque creíamos que seria mas serio por lo formal de su investidura, pero vaya sorpresa que nos llevamos, al darnos cuenta que era una mafia disfrazada. Uno de los médicos habló con mi esposo #1 diciéndole que como yo había tenido un problema en el riñón, pregunta que me fue hecha cuando ingresé al hospital, que me estaban haciendo estudios porque habían detectado que tenía presión arterial alta, nos asustaron a toda mi familia y al rato todos abogaron por que me hicieran una nefrectomía, o sea que me sacarían el riñón. Yo me negué rotundamente y exigía una segunda opinión, basada en la mala experiencia pasada anteriormente. Pero con su poder de convencimiento lograron manejar a toda mi familia y cedí. A la hora de pagar, mi mamá escucho cuando el médico cirujano plástico le dijo al nefrólogo que si “irían a medias” con lo del riñón… la plática maliciosa hizo sospechar a mi madre y a otros que todo había sido algo planeado y llegamos a la conclusión de que había envuelto algo así como tráfico de órganos. Mi riñón no estaba tan mal como para ser removido. Así que en vez de una linda nariz, salí con una horrenda cicatriz que me atravesaba la cintura, pareciendo partírmela en dos.

La peor ofensa fue una vez que me di cuenta que tenia a su amante y a mí hospedadas en el mismo hotel, subía y bajaba de un cuarto a otro, situación que para el era sumamente cómica y la festejaba con sus amigos. Yo me animé a reclamarle y cuando le dije que me iría de regreso para mi ciudad el me encerró en el cuarto, me desvistió violentamente, yo pensé que me violaría, o golpearía pero solo me aventó a la cama y después de haberme sujetado con unas esposas de policía de mis dos manos a la cabecera de la cama, se llevó al niño a que se lo cuidara una amiga de él.

-A ver lárgate si puedes me grito enfurecido-

-¿Adonde lo llevas? ¡No te lo lleves! –grité desesperada llorándole.

Como respuesta recibí un gran portazo. Ahí pasé la noche sentada en el suelo, en ese cuarto oscuro, con las manos dormidas, solo con mi ropa interior, titiritando de frío, sin poder moverme, llorando y llorando; la débil luz que se colaba por la ventana iluminaba exactamente las brillantes esposas, exactamente en la marca de fábrica. Un nombre que jamás olvidaré. Hasta entonces me sentí sumamente vejada y con mi dignidad por los suelos. Ahí pensaba que yo no merecía ese trato y empecé a ver las cosas diferentes. El regresó hasta el siguiente día como si nada, yo lo único que quería era saber de mi hijo, en donde se encontraba.

– ¡Vístete! me ordenó quitándome las esposas-

–Te me largas a Hermosillo ahora mismo- me miró con odio y me aventó los dos boletos de avión en la cara.

Yo solo los recogí callada con un miedo atroz de desencadenar otra vez su cólera y rápidamente me vestí. Fue entonces que le pregunte por mi hijo venciendo mi descomunal miedo. Ignorándome, el salió de la habitación dando otro fuerte portazo en mis narices. Ya arreglada estaba sentada en la esquina de la cama esperándolo cuando regresó, me pare como resorte al tiempo que me decía:

-¿Dónde están los boletos? -Con el terror que sentía en esos momentos no atinaba a encontrarlos, nerviosa los busque en mi bolso y no los hallé,

-¿Qué pasa? ¡pen%^&@#a! –

-¡Es que no los encuentro! –

-¡Con una chin$@#a… búscalos ya! –

-Empecé a sacar todo de mi maleta que estaba en el suelo, de los nervios había olvidado que los puse en una de las bolsas de afuera de la maleta; cuando levante la cabeza ahí de rodillas en el suelo vi una figura detrás de el, era su chofer, un joven muy guapo y atento que muy seguido hacia las veces de chofer conmigo. Se me quedó viendo con compasión mientras movía la cabeza de lado a lado. Yo sentí que mi cara me ardía de la vergüenza; entonces le di los boletos los cuales jaló de mi mano haciéndome trastabillar y hasta entonces una racha de coraje me inundó. Finalmente me mandó con el chofer al aeropuerto, tendría que manejar mas de una hora para llegar al lugar, el muchacho me llevó por mi niño y de ahí seguimos; yo besaba y abrazaba a mi niño, por momentos hasta pensé que no me lo devolvería, solo por maldad. Después un pesado silencio siguió por mas de media hora, yo lo que menos quería era hablar en esos momentos, con mi niño me cubría la cara rogando a dios que no se le ocurriera hablarme. Después de un leve carraspeo, el muchacho me dijo:

-Señora, ¿Porque le aguanta? –

-Yo no debería de decirle esto, pero usted es muy bonita y no debería de aguantar ese trato- Sentía tanta vergüenza que no quería mirar al muchacho a los ojos.

-Si, lo dejaré- le dije finalmente avergonzada sin que pudiera ya salirme una sola palabra más.

Lo dejaré, lo dejaré, lo repetí tantas veces y no hacia nada por dejarlo. La cosa llegó a su máximo cuando el empezó a tener dinero y llevar otra clase de vida; su hermana era amante de un poderoso comandante y cuando el señor subió al máximo poder de la comandancia general de la policía federal, el fue beneficiado, siendo destacamentado en un lugar privilegiado y hasta fue ascendido a una posición superior, la de capitán. Fue tan grande su engreimiento que, regalaba “Centenarios” (Una moneda conmemorativa del centenario de la independencia de México, fabricada con 37.5 grs. de oro puro) sin ton ni son. Llegó a consumir alcohol y drogas en grandes cantidades; en varias ocasiones me expuso al peligro a mi también por culpa de la droga. Un día mientras viajábamos, descubrí en mi estuche de maquillaje, un rastrillo, de esos finos que tenia una especie de rosca en el manguito, lo examiné detenidamente y lo abrí, estaba lleno de cocaína, él lo había puesto en mi maletita y yo sin darme cuenta había pasado la droga por varios retenes y puestos de revisión, ¿Que seria de mi si me lo hubieran encontrado? Con esta nueva modalidad pasé mucha hambre y sueño, si, porque a causa de la droga, el no comía, no dormía y me exigía que estuviera con él en las fiestas, siempre ahí sentada enseguida de él, pero sin hablar, justamente como un adorno; y yo muriéndome de hambre y sueño con mi niño en brazos.

A mi también me tocó vivir parte de su buena estrella, pues yo también vivía mejor, conocí lujos, viajaba en aviones privados y siempre traíamos guardaespaldas, chofer, nuestra vida cambio, pero aunque estaba rodeada de lujos me sentía ahora como en una jaula de oro.

-Agarra dos mil dólares de ahí y vete a comprar algo para que te distraigas- me dijo echando un gran fajo de billetes verdes sobre el tocador.

Ni siquiera los toque, me senté en la esquina de la cama y me quede mirando el dinero al tiempo que el salía a trabajar. Ahí me quede buen rato con los puños y mi mandíbula apretados, ¿Que sentía ya por el? ¿Resentimiento? Muy poco amor.
Para este entonces, yo ya le había perdido completamente el respeto. Sentía por él, esa mezcla que se siente con los celos: amor con dolor, coraje y deseos de venganza.

Llego al día siguiente muy temprano de trabajar, el prefería trabajar de noche, porque era cuando pasaba “todo lo bueno” como el decía. Así que dormía de día, nosotros habíamos estado viviendo en un hotel por mas de un año y medio. La ciudad era sumamente chica y era más cómodo para el vivir ahí en donde otros policías también vivían, era algo así como el cuartel general. ¡Ah! Como vi cosas ahí… un médico iba regularmente a hacerles lavados de nariz o algo así, que por causa de la cocaína les producía algo. Un enfermero gay que se encargaba de inyectarlos, ni idea tengo que era lo que les ponía, pero salian como “nuevos” despues de eso. Vi llegar prostitutas en fila a las fiestas que tenían ahí a escasos cuartos del nuestro. Oí de orgias con renombradas actricitas y muchas cosas más. Yo debía hacerme como que no oía nada. Mientras el dormía en el cuarto yo me sentaba al frente del televisor en el piso con mi niño en brazos, con el volumen sumamente bajo casi imperceptible. La ventana debía estar con las cortinas cerradas, así que estaba todo obscuro. Ese día mi niño estaba un poco molesto y yo no hallaba que hacer para que no gimiera, lo mecía, le daba el chupón, pero entonces empezó a llorar y eso exasperó a mi ex #1.

-¡Ya calla a ese chamaco!- gritó.

perseguida
Esperamos seis años para tener a mi bebé, pensé que él seria un padre ejemplar. ¡Pero que decepción!

-No se que tiene- le contesté con temor y angustia de que mi niño empezara a llorar mas fuerte.

Así sucedió y de un jalón se sentó en la cama, con los ojos desorbitados me gritó que me largara a donde fuera pero que lo dejara dormir.

Llorando tomé a mi niño que estaba ya en el suelo y lo arropé; salí casi corriendo con rumbo desconocido. Di varias vueltas por el pueblo con la música en alto, compré unas diez revistas y terminé en lo alto de un cerro. Era un mirador usado por la chamacada como lugar de reunión y tambien por parejitas “urgidas”.

A la tercera revista ya estaba asqueada. Mi niño dormía en el porta- bebé colocado en el asiento del pasajero. Estaba absorta mirando a mi bebé, en eso escuché que me tocaban el vidrio de la ventana y volteé, era “el compadre” un naciente narco, muy amigo de mi marido.

Me bajé del carro rápidamente y le dije:

-¿Que pasó? Siempre tenia el temor de que llegaran a darme la mala noticia de que le había pasado algo a mi marido #1.

-¡Hola!-

¿Qué hace aquí?, es muy peligroso estar sola en este lugar- me dijo acercándose mas de la cuenta.

Instintivamente me hizo hacia atrás al tiempo que decía:

-Es que… no hay mas donde ir-

-Su marido me mandó para que me preste el carro- Yo traía un hermoso pick up 4×4 caja larga.

– Le dejaré el mío, tengo que hacer “un trabajito”- dijo sonriéndome muy coqueto y colocando su cara muy cerca de la mía, para entonces yo ya había topado con mi carro.

Ahí tan cerca pude ver sus hermosos ojos verdes enmarcados en lindas y tupidas pestañas. “El compadre” era un hombre sumamente atractivo y atlético, muy joven pero con agallas, ya me había hecho ojitos, anteriormente, el era muy pizpireto, pero yo siempre ignore sus avances.

Pero en ese momento me sentía tan triste, que empecé a llorar y me dejé consolar por el seductor compadre. En ese momento pensé: que dulce es la venganza.

La gota que derramó el vaso fue en una ocasión que hubo una gran fiesta, mi hermana estaba de visita con nosotros y nos la llevamos a la fiesta, era una fiesta muy importante pues celebraban el aniversario de matrimonio de “El patrón” este señor era un narcotraficante muy conocido en la región y muy poderoso, pensé que seria alguna reunión familiar; yo había hecho cierta amistad con su esposa por presiones de mi marido que quería quedar bien con el patrón.

No es raro en México ver este tipo de “amistades” entre “buenos y malos” entre “policías y ladrones” ¿o será entre ladrones y ladrones? la corrupción esta a la orden del día. Cuando llegamos al rancho del señor, todo estaba en orden y muy lindo arreglado, nos sentaron en la mesa del señor y mi marido se ensanchaba de orgullo por estar ahí. Eso era considerado un “privilegio” en serio ¡Era de no creerse! ¡La máxima autoridad federal del pueblo departiendo animadamente con el narco mas buscado del momento! Me dedique a observar todo a mi alrededor muy discretamente con la mirada baja, y pude ver en la mesa de enseguida a todos los elementos de la policía judicial federal, irónicamente “de narcóticos”, en otra mesa a los policías municipales y judiciales del estado, algunos con la sinvergüenzada de llevar el uniforme puesto; vi nuestra mesa llena de narcos y aspirantes a narcos y en ese momento sentí repugnancia por mi país. ¡La corrupción personificada departiendo en esa fiesta! ¡Que asco! ¿Y yo que hacia ahí? Como una estúpida encogida en la silla nada mas mirando… ¿Pero que podría hacer yo? Por lo menos me negaría a asistir otra vez. Mi sorpresa fue mayúscula cuando dirigí mi mirada hacía el centro de la mesa, sobre unos platitos de porcelana blancos con filos dorados, había unas piedras blancas que inmediatamente detecte eran cocaína pura, ¡No lo podía creer! ¡Las tenían sobre la mesa cual exquisito bocadillo!
Mi hermana quiso ir al baño, y también ahí había cocaína sobre el lavamanos, nos miramos asustadas y le dije:

-Yo creo que es mejor que nos vayamos, ¡Como nos trae este estúpido con toda esta gentuza! –

Cuando salimos otra vez al patio, nos medio paramos en la puerta y tuve entonces una vista panorámica del lugar. Inmediatamente en frente de nosotros, estaban las enormes mesas redondas elegantemente decoradas con impecables manteles blancos, habría unas seis o siete hacia atrás se alcanzaban a ver las caballerizas, los caballos se veían finísimos, no conozco de razas pero a simple vista se podía ver los animales de pura sangre. A un lado una enorme cochera que albergaba unos cinco carísimos y ostentosos carros. Pude ver por donde quiera hombres armados con armas largas, que parecían ser “Cuernos de chivo (AK-47)” “M-16” y “R-15” conocía un poquito de armas por mi marido y porque yo también había sido sargento de la policía federal cuando lo conocí. No era ajena a toda esa corrupción, la había vivido muy de cerca, pero esto era demasiado. Todo aquello era enorme. Recapacite y le dije a mi hermana vamos a sentarnos. Antes de llegar a la mesa se escucharon las hélices de varios helicópteros sobrevolar el lugar, por instinto corrí hacia mi hijo que lo tenia la mujer del patrón en sus brazos y se lo jalé, para esto mi marido me agarró del brazo y le ordenó a uno de sus compinches que me llevaran a “x” lugar. Mi hermana y yo fuimos trasladadas casi a rastras, subidas a una camioneta blindada negra con vidrios polarizados y llevadas a toda velocidad hacia la carretera sin ninguna explicación.

-¿A donde nos lleva? – Le pregunte al “guarura” (nombre vulgar para nombrar a un guardaespaldas).

-A Mexicali señora- Mi marido estaba encargado en una pequeña población cerca de la playa.

-Pero… Mexicali esta a dos horas. Le restregué.

-¡Son ordenes señora! – Dijo enérgicamente y no habló más.

perseguida
perseguida
Esto era lo que le esperaba a mi hijo, si seguíamos con su padre.

Durante el camino, estuve pensando y pensando y me di cuanta que esa no era esa la vida que yo quería para mi pequeño hijo. Pensaba que el crecería y mi marido lo metería de narcotraficante, porque el ya prácticamente era uno de ellos, era tanta su codicia que me dolía que no le importaba exponernos a peligros, llevándonos a esos lugares, ¡Mi hijo solo tenia un año! Yo pienso que estaba haciendo la transición de un bando a otro lentamente, pues un día llego muy alterado y me mando al niño y a mi a Mexicali, ese día fue uno de los pocos que yo recuerdo que nos abrazó y nos tuvo un rato ahí diciéndome que temía que le pasaba algo, que quería decirme que nos quería. Creo que si nos quería, a su manera. El salió huyendo hacia Nogales, Sonora, sin decirme nada mas, hasta que después los oí decir que había hecho “un negocio” que le salió mal, la chica con la droga que habían mandado hacia el otro lado, la habían arrestado y temían que “soltara todo la sopa”. Mi cuñado el general, decidió cambiarlo de destacamento pues eso seria un gran problema para el si se enteraran, así que lo mandaron a la Ciudad de México, allá se deslindo un poco de sus amigos narcos y me pidió la ultima oportunidad, ya que yo me había quedado en Hermosillo y ya no quería seguirlo. Me convenció una vez más y mi niño y yo llegamos a la urbe azteca; bajando del avión lo veo con su cara sumamente descompuesta; se veía sumamente nervioso y ya en el carro, me dio su pistola 9 mm, pavonada, con hermosas cachas de oro y me dice:

-¡Guárdala! también mi cadena del centenario y mi reloj de oro. Hay problemas, mi cuñado dice que tengo que entregarme a la policía, porque hay una orden de aprehensión en mi contra; es por él, por su reputación que tengo que hacerlo- y se fue dejándome en casa de una amiga de él.

Al parecer, él, como oficial de policía había confiscado un cargamento de droga, pero en vez de reportarlo, lo había almacenado en algún lugar para venderlo por su cuenta después. ¡Dios mío! Estaba yo casada con un monstruo. Me llamó mi cuñado el general, que fuera a “x hotel” y ahí me dio doscientos dólares, me pidió la pistola y también le entregué el resto de las cosas; me advirtió que no intentara pagar, bajo ninguna circunstancia, la fianza para que el saliera libre, que mi marido #1 estaba de acuerdo en hacerlo por el bien de la policía. Lo mandaron a una cárcel de Sinaloa y mi niño y yo nos quedamos en la ciudad de México sin saber que hacer.
Un amigo de el me consiguió boletos de autobús para ir a verlo a Sinaloa, cuando llegué tuve que hacer una gran fila parada bajo el fuerte sol con mi niño en brazos, hasta que finalmente, me tocó el turno. Me preguntaron varios datos personales y de repente me dice la celadora:

-¿Que es usted del detenido? –

-Su esposa- le dije ya molesta.

-¡Pos que raro, hace rato entró alguien que también dice ser su esposa! -¡Oh no, otra vez su amante en turno, Lorena se me había adelantado!

Después de la vergüenza fui y me senté en una bardita esperando a que lo trajeran. Mi hijo se bajó de mis brazos, apenas podía caminar, estaba dando sus primeros pasos y comenzó a jugar con los hijos de otros reos. Me dio tanta tristeza verlo ahí, vestía un overol de mezclilla con una playerita con rayas azules, su melenita sedosa y negra se le sacudía hacia todos lados mientras jugaba felizmente, en ese ambiente tan sucio.

Ya ni le reclamé de la famosa amante, nada mas salimos, me fui de aventón a hermosillo. El ser ambicioso y el tener ganas de una vida mejor, fueron algunas de las cualidades de él que me impactaron cuando lo conocí, pero a este grado ya era fuera de los estándares normales. Definitivamente, yo no queria esa vida para mi hijo. Despues de siete largos años, finalmente, ¡lo abandone!

Ω

 

 

 

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